martes, 23 de diciembre de 2014

Despedida

Ya no le grito sandeces a la luna
ni le lloro con una botella en la mano. 
 Ni evoco recuerdos que jamás 
han existido en esta vida.

Ya no suspiro con ese ferviente deseo
ni con esa euforia desmedida
que me dio el invierno
y la muerte del otoño me despojó.
He vuelto a la asquerosa y segura monotonía;
la cual me ha permitido darme cuenta
de que quiero ser más humana
que nunca en la vida.

 Aprendí a echar de menos tus galaxias,
pero al fin aprendí.
Arrivederci.

 Y también comprendí
que hay personas que estarán allí
pase lo que pase,
aguantando la tormenta,
y sosteniendo contigo ese paraguas
que está a punto de salir despedido.

Ya no hay punto de retorno
ni más castigo.
Sólo nos queda el horizonte
aunque parezca un largo camino.

Pero nos empeñamos en echar la vista atrás.
 
Nos gusta jugar
con los tiempos verbales.
Imaginar futuros perfectos,
rayando mentalmente los condicionales
y tratando de olvidar 
ese pretérito imperfecto,
que ha hecho que seamos 
quienes somos ahora.

Porque me gustó imaginar 
que tú eras mi serendipia.
Por eso me gustó hacerte inmortal
entre mis versos,
en mi vida.

Pero es el último poema que te escribo.
Al menos de momento.


Aunque lo imagino,
y es mejor que sea así.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Nefelibata

Ahora no le encuentro mucho sentido al verso.
 
Es normal.
Pues si el poeta desnuda su alma
puede verse entre duras reprimendas
por sí mismo.
Porque siente que su poesía,
a fin de cuentas, no ha servido de nada,
salvo para inmortalizar unos ojos
que ya no le miran.

Y cada palabra ha sido sincera,
cada letra, cada punto, cada coma;
cada vez que susurraba a las estrellas
que iba a superarlas en incandescencia,
-y lo hice, me quemé-,
que habría ardido mil veces,
y que le habría gritado al mundo
que no se arrepentía de haber sido feliz,
aunque sea la reina de las utopías
en mi propia mente.

Niña, las utopías,
son utopías.
Es que te empeñas
en alcanzar la perfección,
y no existe.
 
No te culpabilices, porque no tienes culpa.
Ni tú, ni yo.
Simplemente hemos sidos dos humanos
removidos por un una bidireccionalidad,
-o eso me gustaría pensar-;
pero nuestras direcciones 
son paralelas, pues nunca
hemos chocado
-quizá sea mi culpa-.
 
 Y no me arrepiento de nada.
De ninguna coma, ni siquiera
de las que están mal puestas.
No me arrepiento de susurrarle al viento
esos secretos tan oscuros, tan íntimos.
No me arrepiento de tu recuerdo.
 
Ni de que me hicieras ascender a las nubes
con una puñetera caricia.
Quizá sea eso.
 
Quizá ya fuese soñadora de fábrica,
pero tú me impulsaste hasta las nubes,
convirtiéndome en transeúnte entre
cúmulos y estratos,
fui una nefelibata en estado puro.

 


Y soñé.

Pero como todos los sueños,
siempre terminan con alguien
abriendo los ojos. 

 

martes, 2 de diciembre de 2014

Inciso

Sin más que un par de palabras sueltas 
en la mente, en mis manos temblorosas.
Niña, ten actitud, por una puta vez. 

Reflexión del día:
que le follen a la poesía.



Seguiremos informando
tras el inciso.

domingo, 30 de noviembre de 2014

L'esprit de l'escalier (vía @Arzuken).

Te fallé (supongo), quiero decir: te enseñaron a pensar así.
He aquí mi victoria, aunque ambos huimos
y en su día me sentí vencido.
Tú.
Víctima de tus putas expectativas
criterios
opiniones
prejuicios
planes
cuentos
y utopías que no creías hasta que me tocó el premio por visitante nºX.
- me habría quedado, joder. Incluso a kilómetros de ti. Aunque siempre pensé que la distancia es la vía fácil.-
Esa lluvia de morteros,  cada disparo silbando
al son del peroperoperoperopero.
[Recargando]
¿Sabes?
No te pedía unas medidas de escándalo
- y las tenías-.
No buscaba una sonrisa demoledora
-y fue K.O. al primer round con ese diente torcido-.
Poco me habría importado sacarte dos cabezas
- y te reíste de Babel y Etementaki-.
Solo tu lengua resultó ser tan afilada como tu ingenio.
No vacié bolsillos, no quemé rueda
ni mis pies por la Fortaleza Roja
para hacer escala en tus lunares con la lengua
y desaparecer.
Pero primó la presión social, las prisas y el pedir la Luna
sin saber qué hacer con ella.
No hubo fuerza para sostener lo nuestro, descarriló.
Fuiste de cristal, princesa
y a mí siempre me gustó andar descalzo.

Quédate o vete (vía @LauraFireflies).

Siento como el viento agita cada mechón de mi melena pelirroja. Cada soplido crea una danza en la que los rayos más avispados del sol se hacen reflejar. Amanece. Y tú aun sigues revoloteando entre mis sábanas.
Quédate, no te muevas. Deja que disfrute unos segundos más de tu olor... Quédate o vete, pero hazlo ya, aunque te diga todo lo contrario. Temerosa te miro desde el marco de la ventana, el simple hecho de verte me hiere, pero me gusta saber que has sido mío.
La fría brisa matutina me corta el aliento, y son tus manos las que aparecen entre tinieblas para salvarme un día más. Me arrastras a tu cuerpo, me haces necesitarte.
El humo de mi té asciende, como lo haces tú cada noche desde lo hondo de mi cama buscando mis besos.
Quédate...
O vete...
O quédate...
Vete si quieres, las puertas están abiertas. Si tan solo estás de paso, vete, y no vuelvas; pero llévate de recuerdo el amargo sabor de mis labios. Mis gemidos ahogados. Mis lágrimas esporádicas. Mi risa contagiosa...
Quédate...
Quédate...
Quédate, si es para siempre no, porque es demasiado largo, pero quédate un momento, y mírame... busca en el fondo de estos tristes ojos verdes el por qué has de hacer eso. No te encadenes, porque las cadenas hieren, pero quédate. Disfruta. Déjame hacer que descubras mil y un lugares desconocidos. Déjame que te dedique mis textos. Déjame escuchar música selecta contigo... Quédate, y mírame pasado un tiempo, y pregúntate el por qué de aquella elección, y quiéreme. Descúbrete a ti mismo queriéndome sin querer queriendo. Observarme desde mi cama, ve como sorbo el té cada mañana, y observarte a ti embobado de ver mi silueta desnuda perdida en el horizonte de tu alma. Y vuelve a preguntarte el por qué me elegiste a mi, y vuelve a sorprenderte al darte cuenta de que no hay ninguna respuesta...Levántate y dirígete a mi, cántame, bésame, y quédate. Quédate recorriendo cada curva de mi cuerpo, mordiéndome las nalgas, besándome el alma. Quédate entre mis piernas, o al lado...
Vete...
O quédate...
Pero si haces esto último, no tengas miedo, que si alguno de los dos tiene que volar, volará. Quédate pero sin la garantía de un final feliz, de un para siempre, de besos dulces a cada momento, de noches de placer sin límites.

Quédate conmigo, o sin mi... pero aun no te levantes de la cama y deja que disfrute un poco más de tu olor, de tu compañía, que sé que si cruzas la puerta no volverás y se que si vuelves será al tiempo, y esta melena roja que ahora mismo se agita entre la fresca brisa no estará.

Si te vas, que sea por ti y si te quedas también...

Vete, o quédate, y si te quedas, no me ames, pero sí quiéreme.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Supernova

Deberíamos tener más en cuenta
que la distancia es muy relativa:
que al que te estás comiendo a besos
puede sentirse tan lejos como Júpiter,
y a quien tienes en el Ártico
con un poco de atención podrías escuchar
hasta cómo late su corazón,
y en cuántas revoluciones.
 
Y piensas sin dudar
que recorrerías a la velocidad de la luz
distancias infinitas
por escuchar una vez más
el sonido de su risa;
y fíjate, que el camino
se te haría poco.
 
 Viajaría por todo el mundo,
desde Seattle hasta Tokyo,
y me faltarían lugares
donde querer buscarte,
beberte, saciarme.
Aunque sea imposible 
lo primero y lo último.
 
Que los recorridos se quedan en nada,
 si la meta está en tu boca.
Que irías al centro de la tierra
sólo por esos labios.
 
Y hablando de trayectos,
creo que ni falta hace mencionar
que soy una adicta al que hacen tus labios,
que se deslizan,
que sonríen en mitad de un beso
allá donde se te antoja;
y yo te susurro
que vivan tus caprichos.
 
Pero yo ahora me quiero perder
en tus galaxias,
como si mis dedos fuesen cometas
en el oscuro manto,
surcando cada estrella,
quemándome los labios,
y hacer que te quemes tú,
pues yo ya estoy hecha
de cenizas.

Solo quiero
que me hagas estallar
como una supernova.
 
Y, chico,
quizá lo logres.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Tren corto.

Acariciaba su mano
como si rozase lo más frágil
que jamás había tocado,
como si se quebrase
con una leve brisa.

Sabía que era cierto,
que aunque a veces pareciese del más puro acero,
también era oxidable,
aunque sólo con las lágrimas que callaba,
 de las que la luna sabía
y era su única confidente.

Y mira que se había tirado noches
ebria de rabia, de desilusión
y de absenta
gritándola, agitando el puño,
gritando a esa nívea tumbona,
lo puta que era.

 Desvaríos aparte.

Esa noche soñó que corría
hacia su destino de una vez por todas.
Cuando despertó,
lo veía aún más lejano.

Porque no dejaba de poner trabas
Y  pies en polvorosa,
escapando, huyendo de algo
que jamás ha pasado,
que anhelas con toda tu alma que pase
y que te quedas con cara de idiota,
como cuando se te escapa un tren
en las narices.

Y tú eres mi tren.

 Y ves cómo se va.
Cómo se aleja.
Cómo tus lágrimas caen al suelo
de Atocha.
Sin que pasen advertidas.

Y te das cuenta
que eres tu misma
quien pone trabas a las cosas.
Quien no quema de una vez las excusas
-que ya me pesan-,
pero que ve cómo se quema el tiempo.
 Y cómo su mente susurra
 que se dé prisa,
que son las ocho de la mañana
y viene un tren corto.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

"一日三秋"



Dime cómo es posible.
Cómo lo haces.
Cómo.

Que piense cosas tan tontas como
que quiera clavarte cada suspiro en los labios,
mientras me regodeo, esperando tu venganza.

Cosas tan tontas como
pintar con mis dedos en tu espalda,
-o donde pille, para qué engañarse-
crear una técnica pictórica nueva.

Que tú decidas la saña
o la dulzura con la que trato de plasmar.

Saberme de memoria
cada una de tus constelaciones salpicadas.
Perderme en esos mares
habiendo arrojado los mapas
y el timón por la borda.
 Lanzarme al mar.
Hundirme; y despertarme
rodeada por tus brazos.
Eso ya es difícil.

Lamernos las heridas,
y bebernos. 

Que me susurres
que soy una tormenta eléctrica
-malditos monos del ártico-,
mientras me tienes acorralada contra la pared.

Que quiera empezar una revolución desde mi cama.
Que estallen cruzadas entre estas cuatro paredes.
Perder la conciencia y rendirme en la batalla
si eres tú el contrincante.

Pero no creas que no
opondría resistencia,
aunque saltes mis murallas
y descubras lo que hay 
bajo el misterio.

Haces maravillas con esos ojos;
haces que prostituya los versos
y que te busque en cada letra.

Haces posible lo imposible;

sentirme tan ligera que podría danzar
sobre telarañas impregnadas de lluvia.

Ya nos sabemos eso de que
"a veces se siente un día
como tres otoños".

Me parece poco,
en comparación,
a lo que me faltas.

Haces que quiera que se pare el tiempo;
 que se                distancien 
las agujas del reloj;
y que se caigan.
Que de ti depende cuánto y cuándo se para el tiempo
y cómo se alarga la    e     s     p    e      r     a.





lunes, 3 de noviembre de 2014

Acción poética.

Dime tú
si su risa no te suena a oda
ni su sonrisa no merece ser cantada
a los cuatro vientos,
como antaño.

Leyendas que pasan
de boca en boca.
 
Y dime tú
si cuando se va marchando
y yo me acerco con ese gesto tímido;
me miras desde arriba,
no dejo de componer elegías
aunque sea con los ojos.

Mira, en poesía,
si es que esto se puede llamar así,
soy la primera en saltarme las normas,
en improvisar, no como en la vida.

 Que todo ahora se llama acción poética.
Cuatro palabras mal puestas
por las calles de Madrid
y ya mojáis bragas. 

Acción poética
es el gesto
de tu mano entre mi mano
de tus labios en mis labios
y de tus dientes en mi nuca
mientras me aprietas las caderas.
Y reacción poética
son mis manos arañándote 
esas galaxias en tu espalda.

A ver si ardo
de una puta vez
y me pierdo
en tus lunares,
que queman 
como estrellas.
 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Necesitas (vía @Arzuken)

Necesitas a alguien
Que
A sabiendas de los riesgos
Te necesite
Que vea el destrozo
Y se siente a unir pedazos
Sin temor a romperse
Ni a compartir los suyos
Ya te has cansado
De tu sonrisa y su orgullo
De bañarte en lágrimas secas
De fachadas
Evasivas
Buscar en el pasado
De aferrarte a quien abrió heridas
Con tal de seguir sintiendo
Necesitas a alguien
Que no sepa hablar
De amor
Que no sepa escribir
Sobre la vida
Porque las mejores historias
No se cuentan
Se sienten
No sé tú
Me fío de Wilde
Me voy a sentar en la vía
Hasta que detenga tu tren
Y me monte(s)

De ti y del sexo en general... (vía @LauraFireflies)

De ti y del sexo en general...


Aún te recuerdo en ésta cama de dos por dos que ahora está vacía y solitaria, que solo sabe preguntarme por el tacto de tu piel. Aún te recuerdo mirándome escondida tras esa melena alborotada y cobriza que tanto me gustaba… (¿Sigues con ese color?)
Te recuerdo saliendo del baño con todo tipo de braguitas; y me pregunto si sigue dándote vergüenza el quedarte desnuda delante de dos ojos que solo pueden idolatrarte… 
Y recuerdo cada beso que te di, descendiendo mientras te desnudaba por completo, y me pregunto si me faltó algún centímetro por besar, aunque lo dudo… no hubiese cometido ese error jamás.
Recuerdo la picardía de tu mirada cuando a horcajadas te subías sobre mi y tomabas el mando; 
como descendías lentamente con tu lengua viperina hasta mi sexo y conseguías arquear mi espalda de puro placer;o tus gemidos en mis oídos, nuestro sudor fusionándose en uno, mis embestidas, tus idas, mis venidas, tu boca buscando a tientas la mía, mis mordiscos en tu cuello, las marcas en tus manos de agarrar con fuerza el cabecero, mis manos recorriendo tu cuerpo, tus uñas en mi espalda, nuestros orgasmos... 
Y después de tanto, te recuerdo dormida sobre mi pecho y se me encoge el alma, te recuerdo de mil posturas en mi cama soñando quizás con nosotros, mientras te acariciaba el pelo... y recuerdo abrir los ojos cada mañana y verte ahí, a mi lado; con una sonrisa para mi, a veces inocente, otras veces de picardía con ganas de volver a repetir la noche, recuerdo tu tez pálida y suave, tus pecas; tu rostro angelical, las ganas de besarte con ternura de no dejarte jamás... 

Te recuerdo a ti entera, porque jamás en la vida cosa tan preciosa se me había perdido entre sábanas, y de tanto perderte, me perdí yo, y ahora no me encuentro y lo peor de todo, no te encuentro. 



Quizás después de tanto, va a ser eso cierto de que
somos dos personas adecuadas en tiempos equivocados.

domingo, 26 de octubre de 2014

Poesía porque sí. Parte IV.


¿Sabes?
Hoy me he mirado al espejo
y no sabes lo triste que es
que tus brackets brillen
más que tus ojos.

Pero le he lanzado una sonrisa falsa
y a la vida también.
Y he seguido en las mismas.

Gafas de sol, pelo liso.
A sangre fría acompañándome en el tren
y veo más la tristeza reflejada en la ventana
que las líneas escritas por
Truman Capote.



Y no dejo de pensar,
qué puta manía.

Qué triste es esa chica
que me mira.
Y que mal asume
la realidad y sus consecuencias.

Qué triste es haber soñado contigo
y no haberlo cumplido:
Morderte la boca, gemirte en el cuello.
Gritarte al oído, besarte el pecho.

Más triste es lo que ocurre allá,
y aquí, putos egocéntricos,
no pensar más que en nuestros ombligos
como si fuésemos imprescindibles.

Pero aquí estamos,
tristes y jodidos;
para después estar
en la más pura aflicción 
a la más alta euforia.

Pero yo sigo en mis trece
y es domingo, 
aunque huela a martes.
Ya podría llover para darle
más drama a esta reina.

Pero es que no me olvido 
de lo triste que me siento
por los octubres sin su brisa,
y de las calles de Madrid
sin ti a mi lado.

Tú tan de razón... y¿yo? (vía @LauraFireflies)

Tú tan de razón... y ¿yo?

Te observo a lo lejos, quizás me estás hablando y llamando a voces, o por lo menos eso es lo que veo cuando me pierdo en tus ojos marrones; me estás llamando, pero no hay paso inicial que de pie a lo que ambos deseamos: unas vistas al mar, unos besos desenfrenados, amor a todas horas, o en su defecto cariño y afecto que arregle estos descosidos en nuestros corazones.

El miedo a doler, y sufrir dolor, nos aleja cada vez más. 
Tú tan allí, y yo tan aquí; y todo tan revuelto. 

Te miro cada dos por tres a escondidas, deseando ese beso en la frente que simboliza todo un abismo de soledad que se va. He vuelto, dispuesta a quedarme, quizás. Soy un pájaro libre, pero sé cuando reposar, y no hay nada más que desee en este mismo momento que perderme en la paz que me aportas cuando estoy contigo. 

Si me dieras un minuto en tu pecho, solo eso bastaría para hablar largo y tendido de todo lo que habla el corazón y ambos callamos. Un minuto de palabras, bañado en miradas, gestos, caricias… solo un minuto prolongado hasta el día siguiente, para darnos cuenta de todo lo que habla el corazón y ambos nos empeñamos en tapar.  Un minuto en tu pecho, viendo la ciudad despertándose. Observándote entre mi melena pelirroja mientras duermes. Nada más. 

Vamos con píes de plomo por un pantano, y no queremos hundirnos, por miedo a qué se yo… no disfrutar por lo que vendrá en un futuro, encadenarnos, dejar de ser libres, hacernos daño… y ya, estamos en el fondo.

El amor está hasta la polla de vosotros (vía @Arzuken)

Estoy harto de la poesía,
estoy harto de los poetas.
De blogs
y vuestras tetas,
que tiran, tiran y tiran
más que el talento de
los cuatro mataos que leo,
entiendo y compadezco.
Porque hay sangre en sus letras
y su historia destila sufrimiento.
En fin,
que el marco vende más
que la obra y si algo os sobra
son esos aires de grandeza
cogidos con pinzas por
el poder que os otorga leer
a cuatro autores contracorriente,
y sin ellos todos esos desaires
al resto zozobran.
Cansado de que seáis 
víctimas del victimismo
- valga la redundancia-
de vuestro personaje
¡Aunque total! Con tal de vender
no hay que escatimar
en extravagancias.
Siempre hay algo más allá
de donde se mira,¡pero nada!
Parece que la poesía
(para desgracia de los que viven
hoy día) sólo sabe de estaciones
- coño, me cago en la puta primavera – 
de la zona cero que tendréis
de por vida en el pecho (y sigue latiendo)
y de huracanes en esos pasos
con tanto peso de quienquiera 
que os dejase idiotas con una mentira
y dos besos.
No es nada nuevo afirmar
que cuando algo queda al alcance de todos,
como mínimo pierde valor y
como máximo queda infecto.
Aquí aún queda gente sincera,
a la que le importa tres puñetas
ser leídos sólo por amigos,
no a todos les verás triunfando
ni perdidos entre fuegos que hielan
y a la mierda mando yo el oxímoron. 
Pero nunca le faltará a una línea suya
pasión.
La poesía es mucho más que amor
y el amor está hasta la polla
de vosotros.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Nocturno V

Es triste que ya no tenga el mismo color de antes.
Que mis ojos no brillen igual, y que te pierda.
Porque te estoy perdiendo.
Houston, tenemos un problema:

He sido una idiota de pies a cabeza,
por tanta puta duda que me invadía
y, qué diablos, sigo con ellas–.
Siendo plenamente consciente
del  jardín en el que estaba introduciéndome.
Un laberinto sin salida, con una advertencia
en letreros de neón azul:
"Está suelto el minotauro";
y no, no soy Teseo.

Te la estás jugando. Estás en la cuerda floja.
Son pensamientos que me abordan
un día, otro, y otro también.
Pero ya qué más da, si esto es terminal.
Es el fin del otoño, son los últimos latidos
de un agonizante sedado.

Pido mi última voluntad como moribunda.
Sólo pido boli, papel, teclas:
lo que sea, no discrimino.
Y menos en últimas confesiones:

Me perdí entre tanta habladuría
y tanta puta palabra que arrastra el viento;
pero chico, lo has conseguido.
Me has ganado por completo, y he perdido.

Y pierdo cada vez que te busco, porque no te encuentro.
Porque te he buscado y he perdido el tiempo.
He  hecho trasbordos, viajes sin sentido.
He cruzado muchedumbres a contracorriente.
He escalado con el viento de cara,
y he luchado en batallas en las que sabía que iba a perder.
Probablemente haya traicionado confianzas
de gente aún inconsciente.

Es perder un doble o nada,
 y aún estoy pensando si terminar la jugada
o retirarme a tiempo y salir indemne.
Sigo pensándomelo. 

He perdido.
Y pierdo cada vez que creo que te voy a encontrar.
Porque te sigo buscando hasta en el fondo de cualquier copa,
servida en cualquier local de mala muerte,
pagada por un pobre idiota que ha tenido la suerte (creo) de encontrarme
aburrida de esperarte –más bien de esperarme–;
un pobre idiota del cual ni quiero recordar ni conocer,
y espero que sea recíproco conmigo.
Y cuando acabemos en una vulgar cama
pienso ponerle tu cara y gritarle al oído tu nombre.
Hasta dejarle sordo. Hasta que tú me oigas.

Pero qué más da, si total, él no se va a acordar.
Y ojalá yo tampoco.

¿Es esto cruel?
Qué más da. No he venido a complacer a nadie.
Estamos hechos para serlo.
Y para jodernos la vida, 
si es que no nos jode ella antes.

martes, 21 de octubre de 2014

Nocturno IV.

Pensé
que iba a ser un buen día,
porque desde buena mañana me había encontrado a la bamba
sin coñoneta,
y después,
traspiés tras traspiés,
un violinista callejero
tocaba el canon, mirándome fijamente,
como si supiera la clase de sueños
que había tenido esa noche.

Y es que me acuerdo
de cada puta estación
que no piso, pero que atravieso;
de las miradas colisionando,
de cada beso que me he perdido,
de cada suspiro que quiero robarte,
y cada jadeo, y cada gemido.

Que te quiero ver suplicante,
 y suplicarte yo a ti;
boquear, rogarte a gritos mudos
un puto beso, sólo eso. 
Sólo un beso.
  
Y ahora sólo estoy dando vueltas;
entre las sábanas y entre las páginas,
entre la tinta y la locura,
y tengo ojeras, pero tú no.

Qué putas y solitarias son las noches sin ti,
tan frías que hasta las estrellas se hielan,
e imagínate yo, temblando, tiritando;

haciendo un par de versos tontos,
para desahogar un poco este alma turbulenta.

Qué puta es la noche;
pero más puta es aún la ausencia.

domingo, 19 de octubre de 2014

Autodestrucción

Cómo voy a querer
una pizca de estabilidad
si jamás he tenido 
algo de cordura.
 
Cómo voy a querer 
ser sincera
si ni siquiera lo soy
conmigo misma.
 
Y las noches
cada vez son más largas,
más silenciosas
y más acusadoras.
 Me señalan con el dedo
y me gritan los secretos,
que voy gritando a voces,
pero al fin y al cabo,
mis secretos. 
Sólo míos.
 
Esta noche
hay barra libre de lágrimas,
me las he bebido todas
y no me doy por satisfecha;
he venido con resaca,
un dolor de cabeza enorme
y aún no me doy por saciada.
 
A este paso
voy a autodestruirme;
no sé elegir,
no quiero elegir,
no podría elegir
ni aunque me flagelasen.

Ya tiré la moneda,
y se cayó por la alcantarilla
de mis inseguridades.
Jamás sabré la respuesta.
 
El tiempo vuela
y todo se desgasta.
Mi cabeza estalla
de quebrármela,
y de este puto egoísmo.
 
Sigo perdida
a la deriva
en este mar.

Volando sin
un rumbo fijo
a contracorriente.

Soy mi propia
autodestrucción.
Solo tengo que pulsar
un botón,
beberme la cicuta
o susurrarle al verdugo 
de turno, 
que mi cuello es como 
el hilo del que pendo.
 
Soy una funambulista,
y la cuerda está suelta. 
Y esa moneda,
era la única que me quedaba,
mi única respuesta
a la puta incertidumbre 
de siempre.
 


 

lunes, 13 de octubre de 2014

Octubre

Porque los atardeceres
ya están muy vistos.
Como esa manía
de comerse a versos,
besayunarse
y otras tantas gilipolleces.
 
Eso es de todo el mundo.
 
Prefiero, que si con una
estúpida caricia,
se saca más poesía,
no quiero imaginar
lo que origina una noche
entera, mostrando
unas ojeras patentes
y una sonrisa de idiota;
 
eso sí que es sacar
toda la poesía
que lleva uno dentro.
 
A mí ya me ganaste
 cuando dijiste
"vamos a ser como el otoño;
y voy a desnudarte
como octubre desnuda Madrid.
Y vamos a bebernos tanto
obligando a que nuestra alma
entre en un estado etílico,
vicioso y crónico".
 
No sé tú,
pero yo le dejo a Neruda
la primavera
con sus cerezos;
que yo me quedo
con el otoño,
sus hojas,
su frío
su brisa
que desnuda
con un sólo
contacto.

domingo, 12 de octubre de 2014

Serendipia

Creo que por una ocasión
voy a ser sincera
conmigo misma
para hacerme un favor
de una vez por todas.

Voy a dejarme de apuestas,
de tirar monedas al aire;
a poner las cartas sobre la mesa
y a madurar de una puta vez.

He confesado al silencio,
a la noche y a la absenta,
la vulnerabilidad de mi alma
con tan solo una de tus caricias.

 Lo desarmada que me siento
con tus miradas, con tus susurros,
y lo idiota que he sido
haciendo trayectos infinitos
para borrarme el recuerdo
de tu ausencia.

 De lo que sólo me ha servido 
para acrecentar ese vacío
y las ganas de tenerte. 

Nunca voy a ser más sincera
si no es a través de una poesía;
mírame, estoy desnudando mi alma,
tan sólo con el título.

Porque yo no te busqué
y apareciste de la nada,
aquel día de invierno
y en tan sólo cinco segundos
me cambiaste por completo.

Y más tarde comprendí todo,
me quité la venda,
me lavé la cara,
y me percaté 
de que solo soy una marioneta 
en manos del curioso destino,
y que tú eres mi serendipia;
porque no te buscaba,
simplemente te encontré,
una tarde tonta,
y aquí sigo,
suspirando 
para quitarme el polvo
y esta puta ausencia.

jueves, 9 de octubre de 2014

Lingüística.

No llores más,
no me gusta que
esos ojos tan bonitos,
se inunden,
aunque yo ya estoy 
inmersa en ese mar.

Sólo me gusta
que llores de la risa,
de esos surcos tan bonitos
que se forman
en tus ojos y comisuras;
porque sólo por eso
pagaría un billete de ida
a la locura,
y que sea
en primera clase.

Porque tus labios
es en lo único
que no repararía
en gastos,
y mucho menos
en desgastes.

Sólo llueve
y tengo sed,
pero lo único que me saciaría
son esos cinco segundos previos
para después beberme tus labios
 y dejar en tu boca
algo de la coherencia
que tiempo atrás perdí. 
 Que al menos
entre tus labios 
y mis labios
exista
coherencia
concordancia
cohesión;
 o en otras palabras,
que hagamos un buen uso 
de la lengua.

Y no propiamente hablando.

210-211.

"Tras una cena sencilla, cuando salgo al porche incontables estrellas titilan sobre mi cabeza. Más que un cielo tachonado de estrellas, parece que las hayan esparcido al azar. Ni siquiera en el planetario se ven tantas. Algunas son gigantescas, rebosantes de vida. Parecen hallarse al alcance de la mano. La visión es tan hermosa que quita el aliento.
Pero no sólo es hermosa. « Sí, las estrellas viven y respiran, igual que los árboles», pienso. Ahora me están contemplando. Saben lo que he hecho hasta este momento, saben lo que me dispongo a hacer en el futuro. Nada escapa a su mirada, ni el más trivial de los detalles. Bajo este cielo resplandeciente vuelve a invadirme un pánico atroz. Se me hace difícil respirar, los latidos del corazón se me aceleran. Hasta hoy había vivido bajo un número prodigioso de estrellas y ni siquiera había reparado en su existencia. No me había detenido un solo segundo a pensar en las estrellas. Y no sólo en las estrellas. ¿Cuántos miles de cosas habrá en este mundo que desconozco? ¿Cuántas cosas en las que no he reparado jamás? Al pensar en ello, me siento terriblemente impotente. Vaya adonde vaya no podré huir jamás de esta impotencia." 

Capítulo 15, Kafka en la orilla.
Haruki Murakami, 2002.

lunes, 6 de octubre de 2014

Nocturno III.

Siempre quise
gritar a los cuatro vientos
que vive la poesía.

Que vive en ti,
que vive en mí, 
que sólo un susurro tuyo
tiene más poesía
que cualquier lograda antología.

Que si el batir de una mariposa
despierta huracanes,
no quieras saber
lo que despiertan las musas,
a las tres de la madrugada
una noche de verano.
 
Siempre quise
exponer mi alma
a través de una poesía.
 
Sí, esas tonterías,
que se quieren decir,
que se podrían escribir,
pero que al final se callan
como la puta más barata;
y oye, qué cosas,
y qué de gilipolleces
puedo soltar de vez en cuando.
Borracha de euforia,
sí, sintiendo cómo se
enciende mi boca,
pero sólo es el alcohol;
o tal vez tu ausencia,
tu recuerdo,
quien me enciende;
pero la noche es larga,
y las ojeras
más oscuras que la noche.

Siempre quise
susurrarte al oído
que eres poesía.

Eres poesía.
Eres poesía.
Eres la poesía 
más jodidamente 
complicada de exponer.
Y qué orgullosa me siento
de gritarlo a los cuatro vientos.
Porque, ¿si fuese fácil
qué alimento produciría 
para mi alma?
Un hueco extraño,
y poco más.
 
Siempre quise
escribir poesía
directamente de tus labios.

Y no me ubico,
sólo escucho
nuestra banda sonora,
sólo miro
el cielo estrellado,
las estelas ardiendo;
chico, yo también ardo
con el simple roce
de tus dedos.
 
 Porque no eres Pachelbel,
ni Chopin, ni Bach,
ni Debussy, ni Liszt,
ni Mozart, ni Schubert,
ni toda esa retahíla de pianistas
de renombre,
pero compones música
con un solo susurro
y con tus besos
resonando en mi espalda.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Reflexiones (I).

Me siento
como si hubiesen leído
los secretos más recónditos
de mi mente
y hubiesen excavado
en la superficie
de mi alma.

Echo de menos la fría caricia del aire otoñal en mi rostro, casi tanto como tus manos. 
¿Qué digo?
Si sólo divago entre jaquecas y una rutina que no parece llegar. Aunque a su vez vivo inmersa en una rutina más tediosa que la propia. Como si una nube viviese sobre mi cabeza, inundándome de una lluvia que sólo yo soy capaz de ver, y que paradójicamente a su vez soy yo la creadora. Nosotros mismos formamos nuestra propia autodestrucción. 

Y lo cierto, que echo de menos todo eso.
La rutina, que ya llega. 
El frío, que prácticamente no le queda nada.
Y tus manos, que parece que nunca llegan.

Y la nube se disipa.
El sol brilla.
Y las yemas de tus dedos me acarician el pelo.

Ya llega.
Todo llega.

martes, 9 de septiembre de 2014

Sobremesa.

Un sorbo largo,
tinta, papel;
le hace falta azúcar,
tachones, correcciones. 

Hoy el mar es dulce,
el sol se hiela, 
el cielo se agrieta,
y llueve fuego;
 quizá sea un sueño,
quién sabe,
o más bien una pesadilla. 

Pero sólo tengo claro,
que no me queda café,
y me ha sabido amargo. 
Que aún me queda
mucha tarde
y mucha poesía por delante.

Es que tengo la misma sensación,
al mirar al cielo,
y el sol se sumerge en el horizonte;
la misma que
cuando tus manos se deslizan 
de mis manos,
las acaricias,
justo antes de despedirnos. 

Por eso,
la ausencia me arropa
con un manto frío,
y la timidez me arrastra;
porque soy Ícaro,
 no sé jugármela,
mis alas no arden
y temo caerme
más que nada en el mundo.

¿Y esto es vida? 
Sí. No.
No.
Quién sabe.
No me queda café.
Definitivamente, no,
no es vida.




viernes, 5 de septiembre de 2014

Atardeceres celestes.

No tengo duda alguna
de que atravesaste mi alma
desde el principio.
Pero aún no lo sabía. 

Cuando el frío viento de enero
cambió el rumbo de mi vida,
otorgándome
nuevas perspectivas. 

No lo supe en su momento,
y más tarde, comprendí
cómo efímeras miradas
son capaces de mover mundos.

Y estoy convencida
de que la primera vez 
que me quedé absorta
contemplando el cielo azul
fue esa tarde de enero.

Pero yo aún no comprendía.

Y por eso estoy aquí,
cuando el azul del cielo muere
y desemboca en un ámbar atardecer;
dedicándote estos versos. 

Pues el cálido ámbar llena mi alma,
aunque me obliga a echarte de menos,
cuando el azul huye,
hasta el próximo día.

Y cuando llega la noche
te sigo escribiendo 
estos penosos versos
donde dejo al descubierto mi alma
y la luna se limita
a mirarme complaciente. 

Y el firmamento se extiende,
emanando una sensación
que sólo los poetas comprenden.
Han llegado las musas. 

Así que esta noche
déjame ser tu hada verde
y tú sé Rimbaud
mientras compones versos
donde tiendas cadenas de oro
de estrella a estrella.

Y limítate a susurrarme al oído
que esta noche
veremos una a una las estrellas
mientras descansamos
sobre una basta pradera
y sólo escuchamos 
nuestros besos
irrumpiendo en el silencio.





(Esta poesía fue publicada en el periódico escolar de mi instituto. 
No es la forma original, pues presenta correcciones).

lunes, 1 de septiembre de 2014

Poesía porque sí. Parte III.

Quizá sea yo la extraña,
porque me gusta septiembre,
su brisa, sus atardeceres,
su inminente otoño.
Su encanto.

Quizá sea yo la extraña,
por estremecerme con la cuerda;
o es que tal vez yo siempre he sido
de músicos y de poetas,
que no me toquen la fibra sensible,
si no que me la desgarren. 

Quizá sea yo la extraña,
que prefiera los nocturnos,
el misterio, los susurros,
el aire bohemio 
y la muerte del estío.

Quizá sea yo la que extraña,
y rara vez a la que extrañan,
la que mira al cielo
y cierra los ojos,
la que observa cómo el viento
acaricia las hojas,
y la que observa los remolinos 
de tu pelo y tu barba,
y la que mira como una idiota,
como si a Van Gogh 
se le hubiese ocurrido crear en tus ojos
la noche estrellada;
y, oh, vaya, 
que casualidad que sea, 
mi lienzo favorito.

Quizá sea yo la extraña,
y efectivamente,
ni yo misma me conozco.