viernes, 28 de marzo de 2014

Todo.

Dedicarte versos, qué absurdo. 
Un simple escrito consumado
en el olvido,
aún más poderoso que el fuego.

¿Sólo un poema? Sería incapaz.
Podría dedicarte 
mis penosos versos
hasta la infinita eternidad.

Aún así me quedaría insatisfecha,
pues no podría describir en unos simples versos
todo mi pensamiento.

Todo.
Esa palabra.
Tan vacía, y a la vez 
tan llena.

Te escribiría caminos
llenos de poemas.
Donde el caminar supusiera
mostrarte al completo mi alma.
 
Todo.
Sentir el universo 
con tan sólo una mirada,
sólo esa mirada.
 
Un vals de sensaciones
balanceándose.
Una mirada
que hace explotar las emociones.

No podría escribirte
todo lo que siento.
Pues mi verso aún no ha alcanzado
siquiera el estado de aceptable.

Y en las noches solitarias
cuando las musas acuden a mi ventana;
pienso en tus ojos
y los versos me salen como si nada.

Me pregunto por qué un torrente azul cristalino
puede desembocar en un mar de lágrimas
con tan sólo una simple mirada. 

Pues el destino es egoísta,
y se burla de mí todo lo que se le antoja,
y me hace decidir entre la espada
y la pared.

Esa pared, 
donde he pegado los versos,
donde he pegado mi espalda
comprimida con tu cuerpo.

No puedo dejar de escribirte,
y si dejo de escribir,
muero.


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