domingo, 20 de abril de 2014

Noches sin luna.

Aquí me encuentro,
justo en el momento
en el que inunda esa vaga oscuridad
de la que se despide el celeste atardecer.

Cuando me impide ver con claridad
y comienza a adentrarse la penumbra
y hasta mi alma adquiere ese color
de sombras tenues.

Y te empiezo a extrañar
el cielo se tiñe de negro
se escapa el tiempo
y a su vez te vas con él.

Dejándome en una profunda oscuridad
de rosas malditas y punzantes
sin aroma ni color
que si se tiñen es de sangre.

Y sólo me quedan las estrellas
fijas, deambulando 
en ese manto oscuro
con destino cambiante.

Ni siquiera las estrellas brillan esta noche,
mas yo maldigo esta ciudad
por robarme lo único 
que alivia mi alma.

Una simple mirada
hacia el firmamento
libera mil almas
y cambia cien perspectivas.

Y las noches sin estrellas
[y sin luna
están destinadas
a maldiciones
ya olvidadas. 


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