sábado, 26 de abril de 2014

Promesas vacías.

Me prometiste que esta noche
sólo sería para nosotros,
y que bebería de tu boca
el suave rocío de las hojas.

¿Y qué me queda?
La triste luz de un flexo,
un bolígrafo sin tinta
y una hoja en blanco.

Me prometiste que esta noche
sólo sería para nosotros,
que lo único que oiríamos sería el silencio
en escasos intervalos.

Y sin ser creyente,
estoy rezándole
a la absenta,
que dé algo de vida a esta noche.

Mi locura ha llegado a un punto
que no sé hasta dónde va a llegar. 
¿Qué camino va a tomar?
¿Cómo se detendrá?

Preveo que parará en seco,
de bruces contra el suelo,
con la cara ensangrentada
y con el alma rota en mil pedazos.

Me prometiste que esta noche
sólo sería para nosotros.

Que encenderías las estrellas,
todas y cada una,
para ver mi ojos brillantes,
aunque sólo sea esta noche. 

Que apagarías las farolas,
para que allá arriba ardan las estrellas
y aquí abajo arda mi boca
mientras le ruega a la tuya.

Y rogándole manifiesta,
entre aliento y aliento
que definamos ya este cuento
sin principio ni final.

¿Y qué me queda?
Papeles en blanco,
arrugados, destrozados.
Y ni una gota de absenta.

Prometiste que esta noche
sólo sería para nosotros.
¿Y qué me queda?
Un vacío y ni una sola respuesta.



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