jueves, 22 de mayo de 2014

Estrellas

Mira, hasta esa botella
me mira con una mezcla
de desprecio y pena
cuando la vacío.

Y me pongo a escribir mil tonterías
que abarcan muchas cosas. 
¿Y qué sabré yo de eso,
si sigo siendo una niña?,
aunque me empeñe que no.

¿Por qué le grito a la luna
en esta noche abierta,
donde hasta las estrellas
me miran con indulgencia?
A pesar de que no las veo.

¿Por qué me miro en el espejo
y sólo veo una niña con piel de nieve y sonrojada
que sólo ve imperfecciones 
allá donde mire?

¿Por qué anhelo 
lo que nunca he tenido,
lo difícil, lo prohibido,
lo que me costará caro?

Pero yo quiero ahora
que la luna me oiga
gritar por las noches.

Que me ilumine a la cara,
mientras estoy extasiada,
yaciendo en la cama,
hasta el próximo día
a la misma hora.

Pero yo quiero ahora
que las estrellas me contemplen 
a mí, ardiendo;
y que no sea al revés.

Y sentir desde abajo
que mis labios arden,
como si besaran las estrellas,
pero sólo beso constelaciones
formadas en tu espalda.

Qué pena
que todo sea un sueño.
Y que no haya ni besos,
ni espaldas salpicadas por constelaciones,
ni yo ardiendo a la par
que las estrellas.

Sólo me arde el estómago
tras dar el último trago
a esa vacía botella
de absenta.

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