martes, 24 de junio de 2014

Por fin.

Al fin puedo respirar tranquila.
Una sonrisa inmensa se dibuja en mi cara, desde las siete de la mañana, a pesar de que me he asustado innecesariamente, cuando al fin he podido comprobar que, sí, entro en periodismo.
¿Qué he experimentado? Mucho miedo y mucha incertidumbre durante estos meses. Sí, ha sido duro. También sé que he estado muy por debajo de mis posibilidades, pero, ahí estoy. La satisfacción que he sentido, y aún siento, es inexplicable. Saber que tras una larga espera, tras años y años deseando con una fuerza sobrehumana el hecho de empezar a dar mis primeros pasos en ese mundo tan competitivo e impredecible, hace que desee empezarlo cuanto antes.

Ya expliqué que estoy totalmente enamorada de esta profesión.
Es mi amor platónico. Y lo voy a conseguir. Lo he conseguido. Me lo he ganado a pulso. La insistencia y la perseverancia han ganado al pesimismo. Estoy tan feliz que no quepo en mí.


Es una lluvia torrencial de sentimientos.
He llorado, sí, y de felicidad. De las mejores sensaciones que he podido experimentar jamás.
Y, hablando de lluvia. Me parece curioso que ese día de septiembre, en el que empezó este tortuoso camino, lloviese de una forma tan violenta, y hoy, a 24 de junio, haya llovido de la misma forma.

viernes, 13 de junio de 2014

Poesía porque sí. Parte I.

No sé
me apetece
escribirte.
Dedicarte unos versos
simples, pero intensos.

Que por mis venas corra la tinta
con una dosis de alcohol.
Escribamos ebrios,
dijo Hemingway,
editemos sobrios.

Soñemos despiertos.
Alcancemos la libertad
de una vez por todas;
en vez de escaparse
como los suspiros
en la madrugada.

Estamos locos,
queremos vivir,
queremos ser personas,
sentir, disfrutar
de las pequeñas cosas
en grandes dosis.

No sé
me apetece
que nuestros labios hagan poesía
mientras nuestros cuerpos
hacen historia.

El tiempo vuela, corre;
y nos debe eso,
volar, correr(nos) juntos,
subir, bajar.

Yo sólo quiero
beberme tus labios,
tragar tus suspiros;
qué vida esta,
sólo en nuestros sueños
nos comemos,
nos olvidamos del mundo
y somos libres.

La caducidad.

He mirado esta mañana al reloj
asustada, pensando
en la vertiginosidad
con la que giran sus agujas.

Cómo el tiempo vuela,
se desliza entre mis manos,
avanzando sin parar,
y me doy cuenta
de que quiero ser humana.

Equivocarme, reír,
llorar, avanzar,
sentirme viva;
dejar mi marca
en la historia
de la humanidad.

Viajar, leer,
darme al placer,
sentirme viva;
olvidarme de mí,
y a su vez recordarme
 nuestra caducidad.

¿Quién teme a la muerte?
Sólo temo al recuerdo
que pueda haber tras mi partida.
A la inopia a la que se enfrentan
la mayoría de las personas.

Ayer era primavera. 
Hoy es otoño.

Las hojas caen sin parar,
y ahora se derrite la nieve,
dejándome los pies fríos,
mientras el sol del estío
les da calor. 

La rutina tiene un sabor añejo,
y sólo quiero avanzar,
descubrir.
Vivir
en todos sus aspectos.
Y disfrutar de la vida.

Ya me he cansado
de ser aquella niña asustadiza
que se preocupaba por todo.
Aunque en el fondo,
esa parte de mí
siempre forme parte de mi vida.