viernes, 13 de junio de 2014

La caducidad.

He mirado esta mañana al reloj
asustada, pensando
en la vertiginosidad
con la que giran sus agujas.

Cómo el tiempo vuela,
se desliza entre mis manos,
avanzando sin parar,
y me doy cuenta
de que quiero ser humana.

Equivocarme, reír,
llorar, avanzar,
sentirme viva;
dejar mi marca
en la historia
de la humanidad.

Viajar, leer,
darme al placer,
sentirme viva;
olvidarme de mí,
y a su vez recordarme
 nuestra caducidad.

¿Quién teme a la muerte?
Sólo temo al recuerdo
que pueda haber tras mi partida.
A la inopia a la que se enfrentan
la mayoría de las personas.

Ayer era primavera. 
Hoy es otoño.

Las hojas caen sin parar,
y ahora se derrite la nieve,
dejándome los pies fríos,
mientras el sol del estío
les da calor. 

La rutina tiene un sabor añejo,
y sólo quiero avanzar,
descubrir.
Vivir
en todos sus aspectos.
Y disfrutar de la vida.

Ya me he cansado
de ser aquella niña asustadiza
que se preocupaba por todo.
Aunque en el fondo,
esa parte de mí
siempre forme parte de mi vida.



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