martes, 24 de junio de 2014

Por fin.

Al fin puedo respirar tranquila.
Una sonrisa inmensa se dibuja en mi cara, desde las siete de la mañana, a pesar de que me he asustado innecesariamente, cuando al fin he podido comprobar que, sí, entro en periodismo.
¿Qué he experimentado? Mucho miedo y mucha incertidumbre durante estos meses. Sí, ha sido duro. También sé que he estado muy por debajo de mis posibilidades, pero, ahí estoy. La satisfacción que he sentido, y aún siento, es inexplicable. Saber que tras una larga espera, tras años y años deseando con una fuerza sobrehumana el hecho de empezar a dar mis primeros pasos en ese mundo tan competitivo e impredecible, hace que desee empezarlo cuanto antes.

Ya expliqué que estoy totalmente enamorada de esta profesión.
Es mi amor platónico. Y lo voy a conseguir. Lo he conseguido. Me lo he ganado a pulso. La insistencia y la perseverancia han ganado al pesimismo. Estoy tan feliz que no quepo en mí.


Es una lluvia torrencial de sentimientos.
He llorado, sí, y de felicidad. De las mejores sensaciones que he podido experimentar jamás.
Y, hablando de lluvia. Me parece curioso que ese día de septiembre, en el que empezó este tortuoso camino, lloviese de una forma tan violenta, y hoy, a 24 de junio, haya llovido de la misma forma.

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