lunes, 21 de julio de 2014

Nostalgia naranja.

Tengo nostalgia
de hojas caídas por el suelo
de los crujidos bajo mis pies
y de mis botas de cuero.

El silbido del aire
calándome los huesos,
dando paso al frío;
de los árboles pelados,
de los atardeceres
en una bonita tarde de otoño.

Todo cubierto de naranja, 
la oda del principio del fin,
de cómo la madre naturaleza
vuelve otro año a dormir. 

Y la suave caricia del viento
me roza en la cara,
y pienso, con anhelo incontrolado,
ojalá durase para siempre.

Ojalá un naranja eterno,
con el sol ardiendo en el firmamento.
Ojalá las hojas crujiendo
bajo mis pies desnudos. 

Tirada sobre un colchón de hojas, 
bajo un árbol,
donde suavemente, sobre mi cara,
se posa una de sus millares de hijas.

El viento ondeando mi cabello,
deslizándose, enredándose
rugiendo en mi oído,
música de la naturaleza.

Ojalá
el otoño fuese perpetuo. 
Porque jamás habrá
una belleza similar.

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