sábado, 9 de agosto de 2014

Nocturno II.

Hay miradas
que desgastan,
que devastan,
que detestan
que desvelan,
que desnudan.

Y sin embargo,
no creo que fuese capaz
de sentir lo mismo
con otros ojos.

Y otras manos, 
otros labios, 
otros brazos,
otra voz;
no gracias.

No quiero escuchar otros gemidos
que no salgan de tu boca,
a excepción de los míos.

Ni tampoco arañar otra espalda,
y fíjate tú, 
no me quedan uñas.

Porque no sería lo mismo
si otros labios pronunciasen
que mi ombligo
es tu rincón favorito de Madrid;
ni que volasen por mi vientre
como mariposas sin rumbo fijo,
que con el suave batir de sus alas
a mí me provocan huracanes. 

No sería lo mismo.

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