lunes, 1 de septiembre de 2014

Poesía porque sí. Parte III.

Quizá sea yo la extraña,
porque me gusta septiembre,
su brisa, sus atardeceres,
su inminente otoño.
Su encanto.

Quizá sea yo la extraña,
por estremecerme con la cuerda;
o es que tal vez yo siempre he sido
de músicos y de poetas,
que no me toquen la fibra sensible,
si no que me la desgarren. 

Quizá sea yo la extraña,
que prefiera los nocturnos,
el misterio, los susurros,
el aire bohemio 
y la muerte del estío.

Quizá sea yo la que extraña,
y rara vez a la que extrañan,
la que mira al cielo
y cierra los ojos,
la que observa cómo el viento
acaricia las hojas,
y la que observa los remolinos 
de tu pelo y tu barba,
y la que mira como una idiota,
como si a Van Gogh 
se le hubiese ocurrido crear en tus ojos
la noche estrellada;
y, oh, vaya, 
que casualidad que sea, 
mi lienzo favorito.

Quizá sea yo la extraña,
y efectivamente,
ni yo misma me conozco.

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