martes, 9 de septiembre de 2014

Sobremesa.

Un sorbo largo,
tinta, papel;
le hace falta azúcar,
tachones, correcciones. 

Hoy el mar es dulce,
el sol se hiela, 
el cielo se agrieta,
y llueve fuego;
 quizá sea un sueño,
quién sabe,
o más bien una pesadilla. 

Pero sólo tengo claro,
que no me queda café,
y me ha sabido amargo. 
Que aún me queda
mucha tarde
y mucha poesía por delante.

Es que tengo la misma sensación,
al mirar al cielo,
y el sol se sumerge en el horizonte;
la misma que
cuando tus manos se deslizan 
de mis manos,
las acaricias,
justo antes de despedirnos. 

Por eso,
la ausencia me arropa
con un manto frío,
y la timidez me arrastra;
porque soy Ícaro,
 no sé jugármela,
mis alas no arden
y temo caerme
más que nada en el mundo.

¿Y esto es vida? 
Sí. No.
No.
Quién sabe.
No me queda café.
Definitivamente, no,
no es vida.




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