jueves, 9 de octubre de 2014

210-211.

"Tras una cena sencilla, cuando salgo al porche incontables estrellas titilan sobre mi cabeza. Más que un cielo tachonado de estrellas, parece que las hayan esparcido al azar. Ni siquiera en el planetario se ven tantas. Algunas son gigantescas, rebosantes de vida. Parecen hallarse al alcance de la mano. La visión es tan hermosa que quita el aliento.
Pero no sólo es hermosa. « Sí, las estrellas viven y respiran, igual que los árboles», pienso. Ahora me están contemplando. Saben lo que he hecho hasta este momento, saben lo que me dispongo a hacer en el futuro. Nada escapa a su mirada, ni el más trivial de los detalles. Bajo este cielo resplandeciente vuelve a invadirme un pánico atroz. Se me hace difícil respirar, los latidos del corazón se me aceleran. Hasta hoy había vivido bajo un número prodigioso de estrellas y ni siquiera había reparado en su existencia. No me había detenido un solo segundo a pensar en las estrellas. Y no sólo en las estrellas. ¿Cuántos miles de cosas habrá en este mundo que desconozco? ¿Cuántas cosas en las que no he reparado jamás? Al pensar en ello, me siento terriblemente impotente. Vaya adonde vaya no podré huir jamás de esta impotencia." 

Capítulo 15, Kafka en la orilla.
Haruki Murakami, 2002.

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