domingo, 19 de octubre de 2014

Autodestrucción

Cómo voy a querer
una pizca de estabilidad
si jamás he tenido 
algo de cordura.
 
Cómo voy a querer 
ser sincera
si ni siquiera lo soy
conmigo misma.
 
Y las noches
cada vez son más largas,
más silenciosas
y más acusadoras.
 Me señalan con el dedo
y me gritan los secretos,
que voy gritando a voces,
pero al fin y al cabo,
mis secretos. 
Sólo míos.
 
Esta noche
hay barra libre de lágrimas,
me las he bebido todas
y no me doy por satisfecha;
he venido con resaca,
un dolor de cabeza enorme
y aún no me doy por saciada.
 
A este paso
voy a autodestruirme;
no sé elegir,
no quiero elegir,
no podría elegir
ni aunque me flagelasen.

Ya tiré la moneda,
y se cayó por la alcantarilla
de mis inseguridades.
Jamás sabré la respuesta.
 
El tiempo vuela
y todo se desgasta.
Mi cabeza estalla
de quebrármela,
y de este puto egoísmo.
 
Sigo perdida
a la deriva
en este mar.

Volando sin
un rumbo fijo
a contracorriente.

Soy mi propia
autodestrucción.
Solo tengo que pulsar
un botón,
beberme la cicuta
o susurrarle al verdugo 
de turno, 
que mi cuello es como 
el hilo del que pendo.
 
Soy una funambulista,
y la cuerda está suelta. 
Y esa moneda,
era la única que me quedaba,
mi única respuesta
a la puta incertidumbre 
de siempre.
 


 

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