miércoles, 22 de octubre de 2014

Nocturno V

Es triste que ya no tenga el mismo color de antes.
Que mis ojos no brillen igual, y que te pierda.
Porque te estoy perdiendo.
Houston, tenemos un problema:

He sido una idiota de pies a cabeza,
por tanta puta duda que me invadía
y, qué diablos, sigo con ellas–.
Siendo plenamente consciente
del  jardín en el que estaba introduciéndome.
Un laberinto sin salida, con una advertencia
en letreros de neón azul:
"Está suelto el minotauro";
y no, no soy Teseo.

Te la estás jugando. Estás en la cuerda floja.
Son pensamientos que me abordan
un día, otro, y otro también.
Pero ya qué más da, si esto es terminal.
Es el fin del otoño, son los últimos latidos
de un agonizante sedado.

Pido mi última voluntad como moribunda.
Sólo pido boli, papel, teclas:
lo que sea, no discrimino.
Y menos en últimas confesiones:

Me perdí entre tanta habladuría
y tanta puta palabra que arrastra el viento;
pero chico, lo has conseguido.
Me has ganado por completo, y he perdido.

Y pierdo cada vez que te busco, porque no te encuentro.
Porque te he buscado y he perdido el tiempo.
He  hecho trasbordos, viajes sin sentido.
He cruzado muchedumbres a contracorriente.
He escalado con el viento de cara,
y he luchado en batallas en las que sabía que iba a perder.
Probablemente haya traicionado confianzas
de gente aún inconsciente.

Es perder un doble o nada,
 y aún estoy pensando si terminar la jugada
o retirarme a tiempo y salir indemne.
Sigo pensándomelo. 

He perdido.
Y pierdo cada vez que creo que te voy a encontrar.
Porque te sigo buscando hasta en el fondo de cualquier copa,
servida en cualquier local de mala muerte,
pagada por un pobre idiota que ha tenido la suerte (creo) de encontrarme
aburrida de esperarte –más bien de esperarme–;
un pobre idiota del cual ni quiero recordar ni conocer,
y espero que sea recíproco conmigo.
Y cuando acabemos en una vulgar cama
pienso ponerle tu cara y gritarle al oído tu nombre.
Hasta dejarle sordo. Hasta que tú me oigas.

Pero qué más da, si total, él no se va a acordar.
Y ojalá yo tampoco.

¿Es esto cruel?
Qué más da. No he venido a complacer a nadie.
Estamos hechos para serlo.
Y para jodernos la vida, 
si es que no nos jode ella antes.

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