jueves, 20 de noviembre de 2014

Supernova

Deberíamos tener más en cuenta
que la distancia es muy relativa:
que al que te estás comiendo a besos
puede sentirse tan lejos como Júpiter,
y a quien tienes en el Ártico
con un poco de atención podrías escuchar
hasta cómo late su corazón,
y en cuántas revoluciones.
 
Y piensas sin dudar
que recorrerías a la velocidad de la luz
distancias infinitas
por escuchar una vez más
el sonido de su risa;
y fíjate, que el camino
se te haría poco.
 
 Viajaría por todo el mundo,
desde Seattle hasta Tokyo,
y me faltarían lugares
donde querer buscarte,
beberte, saciarme.
Aunque sea imposible 
lo primero y lo último.
 
Que los recorridos se quedan en nada,
 si la meta está en tu boca.
Que irías al centro de la tierra
sólo por esos labios.
 
Y hablando de trayectos,
creo que ni falta hace mencionar
que soy una adicta al que hacen tus labios,
que se deslizan,
que sonríen en mitad de un beso
allá donde se te antoja;
y yo te susurro
que vivan tus caprichos.
 
Pero yo ahora me quiero perder
en tus galaxias,
como si mis dedos fuesen cometas
en el oscuro manto,
surcando cada estrella,
quemándome los labios,
y hacer que te quemes tú,
pues yo ya estoy hecha
de cenizas.

Solo quiero
que me hagas estallar
como una supernova.
 
Y, chico,
quizá lo logres.

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