martes, 23 de diciembre de 2014

Despedida

Ya no le grito sandeces a la luna
ni le lloro con una botella en la mano. 
 Ni evoco recuerdos que jamás 
han existido en esta vida.

Ya no suspiro con ese ferviente deseo
ni con esa euforia desmedida
que me dio el invierno
y la muerte del otoño me despojó.
He vuelto a la asquerosa y segura monotonía;
la cual me ha permitido darme cuenta
de que quiero ser más humana
que nunca en la vida.

 Aprendí a echar de menos tus galaxias,
pero al fin aprendí.
Arrivederci.

 Y también comprendí
que hay personas que estarán allí
pase lo que pase,
aguantando la tormenta,
y sosteniendo contigo ese paraguas
que está a punto de salir despedido.

Ya no hay punto de retorno
ni más castigo.
Sólo nos queda el horizonte
aunque parezca un largo camino.

Pero nos empeñamos en echar la vista atrás.
 
Nos gusta jugar
con los tiempos verbales.
Imaginar futuros perfectos,
rayando mentalmente los condicionales
y tratando de olvidar 
ese pretérito imperfecto,
que ha hecho que seamos 
quienes somos ahora.

Porque me gustó imaginar 
que tú eras mi serendipia.
Por eso me gustó hacerte inmortal
entre mis versos,
en mi vida.

Pero es el último poema que te escribo.
Al menos de momento.


Aunque lo imagino,
y es mejor que sea así.



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