miércoles, 11 de noviembre de 2015

noventa y nueve.

suspiros, 

impulsan un avión de papel 
que lanzo a contracorriente
desde la 405, y se queda atrapado
entre las hojas del dulce otoño,
que destila vida y muerte. 

joder; 

fuimos tanto entre esas cuatro
paredes, confidentes de esa 
euforia atrapada sobre la dulce
línea de un recuerdo que se 
consume en la memoria

y no se apaga. 

brilla, destila vida. 
siente el bombeo constante,
ascendente, recordando ese 
momento: ¿es suyo, señorita?
esa boina de francesita olvidada,

en la terminal. 

nuestra alma también se quedó allí. 
congelada en el recuerdo del encuentro,
devorándonos con ansia, famélicos, 
par de ilusos en un paraíso envuelto
por una brisa de octubre. 

hasta vimos mariposas

revoloteando por el centro;
debió escapárseme de las entrañas. 
vaya par de ilusos, vaya par de 
sátrapas sedientos, atrapados por 
las artes de unos versos. 

joder. 
cómo te echo de menos. 


viernes, 2 de octubre de 2015

Poesía porque sí. Parte V.

empáñame la espalda con tu aliento
y desliza tus dedos, tus labios, tu barba
descuidada de más de una semana, escribe
un mensaje en el viento: vive y jadea y ama;

te dejo cinco minutitos más para que
te recrees en el calor que mi cuerpo deja
sobre esas sábanas níveas, territorio escapista,
destinado a dejar volar la imaginación con tan
solo mirar fijamente esas negras pupilas

ríete en mi risa, que tus labios sientan las
caricias, suaves, como el tacto de una pluma;
tengo tu risa grabada en un LP, por si se me
olvida entre la calma y la tormenta, no despierte
de este sueño sin que tú estés presente.

quiero desayunar leche acompañada con tus lunares,
esparcidos por tu espalda; voy a hacerme una
mariposa en  la nuca, para que vuele impulsada
por el sonido de tu risa; sé que a veces tanto agua,
te ahoga, pero a su vez, te hace libre.

quiero mirarte a los ojos y saber que vas a estar hoy,
mañana, —y quién sabe si pasado—, pero yo confío
en que , despertándome tanto como con tu cabeza
bajo las sábanas, o con una dulce caricia y una sonrisa
a eso de las siete de la mañana.

qué más da.
confío en ti.

y en el olor del café que me despierta esta mañana,
despertándome.

comienza la
cuenta atrás.



sábado, 22 de agosto de 2015

Scherbatsky

Me acordé de ti porque comenzó a llover.

A dos horas del prime time de las almas
atormentadas; a siete horas y poco más para
el amanecer; a 11 días de estar un año más
cerca de las canas; a 14 días de gozar de un
pellizco más de libertad, a un mes y un día
de mi ansiado otoño, a un mes y dos semanas
para sentir cómo el tiempo nos atrapa, y decir,
joder, ¿ya en segundo de carrera?, ...

y cómo pasa el tiempo.

Y cómo negarle algo a la impulsividad
si lo que está en juego son sus labios,
con sus sonrisas tontas acompañadas
de las mías; suspiros entre los besos
furtivos, noches de hotel, caminar sin
descanso de ciudad en ciudad, ver
amanecer sin siquiera pegar ojo la noche
anterior, susurrar... gemir... temblar...

Huele a lluvia y huele a ti.

Huele a mar. Huele a las caladas que nos
pasamos, intentando salvar nuestras almas;
y dijiste que te cruzaste con la mía una tarde
revoloteando por el camino. Ven aquí, y
quítame las mariposas del pelo a mordiscos,
porque, joder, te queda hasta bonito decir
entre susurros «follar como bestias»; con esa
voz se derritiría el Ártico en un suspiro.

Y no soy ninguna tormenta eléctrica.

Ojalá lo fuera, pero no. No eres Turner,
pero no creo que tampoco se te resistan
las Telecasters, y si de mí dependiera
te conseguiría unas cuantas; pero antes
déjame esconderme tras ellas, con unos
rizos indómitos, entre los que te gusta
jugar con tus dedos como si fuera un
Helter Skelter con entrada gratuita.

Vísteme tan sólo con jadeos y suspiros.

Tírate al abismo y hunde tu lengua en él,
hazme gritar con piernas trémulas mientras
el canon suena y tú solo escuchas mi voz
desgarrándose entre el aire que soy capaz
de expirar; hazme arrugar las sábanas como
si fuera papel vegetal, que mis venas sientan
lo que es ser humana, lo que es ser terrenal.
Déjame sin un suspiro que llevarme a la boca.

Tú tan despierto, yo tan dormida.

No quiero pensar en si existirá otro final;
no quiero pensar en que todo tiene fecha
de caducidad. Sin ir más lejos, el otoño no
ha comenzado y ya tiene escrito su caduco
porvenir. Fíjate, no daba ni dos míseros
peniques por ti y voy a ser yo la que te
lleve dos peniques de vuelta. Cóbrame los
intereses, ¿quieres?

Quién me mandará jugar a ser Robin Scherbatsky.


lunes, 27 de julio de 2015

Caladas

Está visto y comprobado
que su voz hace temblar
hasta a las montañas; y
que sus medias sonrisas
destilan la vida que se
me va cuando sonríe,
cuando gime, cuando
le tiembla la voz, y
cuando sus labios
recorren mi vientre,
y su lengua baila enérgica
y estallo en mariposas
cuando me afina con
sus dedos hambrientos,
indómitos e insaciables.

Es la respuesta más irónica
que el destino ha podido darme
al negarme a creer en ciertas
cosas; cuando defendía lo
indefendible e insistía en
ahogarme en mares tan
preciosos como turbios.

Y ahora mis dedos están
ansiosos por jugar con los
remolinos de su pelo; y a
veces necesito escapar,
cruzar el mar y lanzarme
al firmamento, perderme
entre tanta estrella que
se forjó en tu espalda,
y crear con mi lengua
constelaciones hasta que
sienta, como si fuera una
estrella, cómo ardo, incandescente.
Y, tras el fuego, nos pasamos
el humo envuelto en suspiros,
donde me da vuelcos la vida.

viernes, 17 de julio de 2015

A veces sueño cosas

A veces sueño cosas
mientras duermo;
aunque continuamente
estoy soñando despierta.

Unos medios justos,
valiente utopía niña;
eso no lo encuentras
en ninguna parte
por mucho que camines,
patees mil ciudades
y defiendas la verdad,
siempre vas a encontrar
un cuarto poder
amordazado por los
demás.

A veces sueño cosas
mientras duermo;
aunque continuamente
me siento cual sonámbulo.

En los veranos más extremos,
cuando necesito ese frío cortante,
donde necesito meter mis manos
en tu sudadera, y éstas buscar
hambrientas las tuyas, siempre
frías, siempre (tal vez) mías,
y donde hundo la cabeza
en tu pecho, susurrándote muy
lento, que a veces sueño cosas
y a veces no las sueño; que me
da profundo pánico tirarme al 
abismo que suponen tus ojos
negros, pero que estaría más
que dispuesta a cometer mil
locuras —y son pocas—, por
que mis labios sientan chispas
al recorrer tus lunares. 

Chico, Seurat se inspiró en ti.
—digo, antes de comerte
a besos—.

A veces pienso, y sueño, y sé
que me colgué de una estrella
que ojalá, ojalá, ojalá, ojalá,
tenga la fuerza suficiente
y que nunca se apague.

jueves, 21 de mayo de 2015

Soneto (I)

Ni se te ocurra cerrar los ojos
cuando amanezca la primavera,
pues quedaría algo lastimera
y de su brillo harías despojo.

Con una mirada, bañas la estación
de tu azul etéreo e inefable, 
que si a alguien resulta deplorable,
deja que cuestione juicio y razón.

Los cerezos apremian efímeros,
la brisa de mayo sube mi falda
y tus ojos aguardan melíferos.

No dejes que me quede con la duda,
pues anochecerá la primavera
desnuda entre versos de Neruda.

martes, 12 de mayo de 2015

Ahí me maté yo

Esos ojos ciegos
que fulminados por el sol,
el firme y cortante azul, frío,
que besa como el acero,
en esa tarde de enero
en la que se firmó mi epitafio,
decidiendo, con una simple 
y tonta sonrisa que porta una
niña aún más tonta en su 
joven e inalterable universo
lleno de expectativas, sueños
y suicidios.

«Ahí me maté yo»
dijo señalando con los ojos
esa sonrisa, segura, brillante.
Que ha bebido néctar de cien 
bocas, de cien labios;
que ha declarado de mil cabellos
ondeantes, su bandera;
que ha recorrido a besos
territorios, en principio, inexpugnables.

Y homicidios,
y torturas donde arrancaba
las mil margaritas que ha deshojado
suplicándole al destino un plan B,
con tu nombre bordado en los suspiros
de un febril y opiáceo febrero,
donde ha llovido sin cesar,
donde sigue lloviendo,
donde nunca ha amainado el temporal.

Quién si no, 
que una niña estúpida
que no sabe lo que quiere,
lo que anhela; que no sabe,
ni tiene una causa justa en 
la batalla que se juega. 
Ha perdido; es consciente, 
pero qué podría hacer ella
sin un mero verso que gritar
en la nada; como la gata que 
ronronea desesperada a la luna:
que cuenta con dos opciones.

Por el momento,
dejaré que el viento decida
mi destino. Octubre queda 
muy lejos, y el otoño anda
perdido en el recuerdo de
tus labios en mi pelo. Ojalá
algún día, quién sabe, me 
llames, perdido entre tus 
pensamientos, recordando
lo que no vivimos y que aún
podemos. No me rindo, sigo
en la resistencia de la vida.

«Ahí me maté yo»,
maúlla noche tras noche esa
gata apátrida que no sabe 
lamerse las heridas abiertas,
la brisa patente, el verano
a la vuelta de la esquina,
esperando a que reaparezcas
estallando, como la ferviente 
primavera un 29 de abril. 

lunes, 13 de abril de 2015

Náusea

Todo el alcohol
ya me sabe
a poco.

Te escupiría en la cara,
en las pecas que no tienes,
en esos mares tan volubles,
en esas constelaciones
que disparan meteoritos.

Te escrutaría miradas
asesinas, donde
te desnudo en cada esquina
de mi mente,
y tu cuerpo es la ambrosía
de una musa
alocada y ninfómana,
que desea aferrarse
a una estrella ardiendo
y a punto de estallar.

Pero qué más da.
Hay miles de estrellas que
ya han muerto, y su brillo
sigue ahí, en el manto
nocturno lleno de la purpurina
que no me he esnifado esta noche.

¡Aún estoy a tiempo!

He quemado rueda,
en los rincones de mi mente.
No ha sido suficiente,
ella quemó queroseno,
y esas noches de febrero,
en las que escupí en el último lugar
donde te rogué que no te fueras,
—te fuiste, era de esperar—,
y la lluvia torrencial apagaba
mi fuego, mi alma, mi espíritu;
y seguro que tú diste rienda suelta
a la imaginación perversa
que tan bien conozco.

Me limpio el culo
con los kilómetros.
Hay distancias más
a
b
i
s
m
a
l
e
s
.

Y sin duda alguna
me maté.

Y, efectivamente, 
soy culpable de despeñarme,
en el acantilado
del mar más azul,
en el que sin duda alguna,
tengo ganas de ahogarme.


Pero bueno, 
siguiendo las costumbres
de los hombres del hierro,
lo que está muerto no puede morir.

lunes, 2 de marzo de 2015

La douleur exquise

Tal vez sean las noches sin estrellas
como la que hoy nos acontece, donde las musas, 
ya no sólo se pierden, sino que huyen, tiritan y se esconden
en los burdeles más fríos de la gran ciudad. Y las 
teclas de esta idiota ilusa, cansada de vivir enamorada
del ideal del amor, y de gritar en noches como esta: 

«¡Qué triste!, ¡no se avista estrella alguna!,
¡ni una sola estrella en el firmamento! ¡Ni una bengala
en mitad del camino! ¡Hasta la noche me abandona!
¡Ni un sólo resquemor en la garganta! ¡Ni siquiera sangre
en mis labios! ¡Qué tristeza! ¡Qué tristeza es que ni siquiera
esta noche la absenta nos quema en el estómago!».

Esta noche la poesía está de capa caída, y sí, 
esta vez te voy a echar la culpa, y a mí aún más.
Sólo a los tontos les da por caerse muertos en unos brazos
que jamás le van a corresponder, y que son más proclives 
a convertirse en soga o guillotina. Sí, queridos míos, 
esta noche, la poesía está de capa caída. 

«¡Qué triste! Que triste es que ya tus ojos ni brillan,
que sólo son dos estelas traicioneras, que ensartan 
cual espada unas miradas confusas y difusas. Qué triste
es tirar por la borda tanta poesía y tanto sentimiento. 
Porque lo vas a hacer, ¿no? Échale valor, porque esta noche
ni siquiera la absenta nos quema».

Y mira si me quemé. Ya no quiero echar por tierra más
de estos inútiles lamentos, ni escuchar bandas sonoras.
Porque te juro que hay canciones que no puedo escuchar 
sin parecer un torrente. Me has maldecido. Tus ojos están
malditos, y he tirado esa botella de absenta al mar, buscando
que alguien la encuentre. Porque esto es un naufragio, y 

estoy en alta mar. Desamparada en una isla solitaria
donde nadie quiere estar. Desamparada y el mar lamiéndome
con su fría lengua los pies. Desamparada, escuchando el rugir
del viento entre las hojas de los árboles, escuchando cómo 
esa maldición, ¡esa condenada maldición tiene nombre!
La douleur exquise. Eso hace que la poesía esté esta noche
de capa    
                c 
                   a  
                      í 
                        d
                           a. 

martes, 17 de febrero de 2015

Mensaje de auxilio

Esta noche me apetece...

No sé. Nunca sé nada. Salvo que tengo a veces un evidente complejo de Jon Nieve, eso sí lo tengo claro. Nunca sé cuándo acertar. Nunca sé cuándo saltar al vacío. Nunca sé a veces cuándo parar; y mucho menos ponerle un punto final a ciertas cosas. Pero sé que esta noche me apetece gritar, y que mi voz se desvanezca en la oscuridad. 

No sabes lo que duele que tus lágrimas se confundan con la lluvia, ni lo mucho que me escoció romper ese billete de renfe, y mucho, muchísimo más, escupir en ese lugar donde me dejaste esa última vez, frente a ese paso de cebra. Donde rogaba con la mirada que no fueras a otro sitio que no estuviera entre mis brazos. Ojalá me rompas algún día una falda, aunque luego te las haga pagar. Ojalá seas la mejor de las venganzas. 

...tu presencia.

domingo, 15 de febrero de 2015

Desfragmentaciones

Le gemiré al vacío
hueco de una botella
de absenta, ojalá cosecha
del diecinueve. 

Porque ella se merece 
mis arrullos más
que toda la atención 
que te presté.

—y que sigo haciendo—,

¿algún día este compás binario
con una aceleración constante
tendrá sentido?

Si es así, 
quédate,
si no vete.

No me hagas pensarte ni perder el tiempo, 
que de eso ya he perdido mucho.

A este paso,
voy a acorralar a la timidez
y que le den por el culo,
a todo.

Chico, si alguna vez
has sentido una especie de aprecio
por mi persona, 
deja de hacerme perder el tiempo. 

Porque nadie me mandó leer la letra pequeña, 
y mucho menos esa voz rápida de los fármacos. 
Fuiste sedante y droga. 

Ambos somos quienes decidimos
que se pase el efecto;
soy una drogodependente
de tus ojos. 

Si vas a estar:
Quédate,
si no vete.

domingo, 18 de enero de 2015

Canícula catorce.

En estos inviernos lluviosos
donde yacen en las aceras las últimas hojas,
inertes; vestigios del sepultado otoño, 
entre nube y nube, recuerda el resquicio 
de ese beso, que aunque te encuentres 
a veinticuatro bajo cero, de esa memoria
trasciende una brisa estival.

Y eso que yo nunca he sido de veranos. 

Tan sólo de recordar esos remolinos
de tu barba, me hace pensar en la puta primavera,
y en las alergias y alegrías que me has provocado.
Era junio y todo eran risas, y pasión, y juventud, 
y libertad, mucha libertad. 
Y cómo me jode que ahora el invierno 
me deje los pies fríos y congele mis alas 
con su gélido aliento.

No me estoy desencantando del invierno.

Más bien, todo lo contrario.
Dejémonos ya de estaciones y de trayectos
y de escalas y de trasbordos,
porque me recuerdan a tus dedos recorriendo 
mi cuerpo sin pudor alguno, ansiosos, indómitos. 
Cómo echo de menos la luz del verano
y que mirases cómo el sol se colaba entre mi pelo.

Y lo acariciabas, y decías que era perfecto.

Bueno, pues deja que te diga que inspiraba tu aliento
como si fuese primavera en pleno vendaval, 
me llenabas las entrañas de vida, y algo más que la vida.
Me llenabas de pasión, de ganas, de rabia contenida;
y ese reloj acusador, con su tic tac, tic tac, 
ojalá se haya parado para recordar esa tarde
que quizá significó demasiado para mí, porque soy así.

Valoro demasiado algunas cosas, qué le voy a hacer.

Valoro demasiado algunos gestos, algunas costumbres,
algunos fetiches que se te escaparon entre risas
mientras inspirabas el aroma de mi pelo y mordías 
mis clavículas con saña; qué daño me hiciste, hijo de puta. 
Pero más me duele no haberte confesado algunas cosas
que aún llevo dentro, como a mí misma.
Nunca he abierto mi alma al completo.

Y por eso intentamos hacer un burdo intento de poesía.

Que le jodan a la prosa, que está muy vista. 
Qué mal aprovechamos el valioso tiempo,
ese buen tiempo en el que mirabas como una gilipollas
cómo se liaba un cigarro, sujetando los filtros entre los labios,
expirando, haciendo señales de humo, pidiendo socorro.
Socorro. Socorro. Socorro. Salven nuestras almas.
Sálvenlas de nuestros miedos, de nosotros mismos.  

Sálvenme de esta vida, 
excepto si voy a compartir contigo algo más que un cigarro a medias.


jueves, 15 de enero de 2015

Flashback

Tiré el billete de renfe
que compré y conservé,
esa primera vez que recorrimos un poco de Madrid
los dos solos.

Echo la vista atrás,
y veo cómo lo destrozaría otras mil veces,
para borrarme de tu recuerdo;
y cómo daría la vuelta a las agujas del reloj
para recuperarlo de ese despecho.

Nunca ha habido un invierno tan frío
ni unos cielos tan encapotados,
ni una niebla tan espesa;
no veo el cielo, no veo luz
ni salida al final del túnel.

No tengo nada que reprocharte,
o tal vez sí:
quizá esos besos que no nos dimos,
esos arañazos de los que aún estás indemne,
y esos mordiscos que he tenido mil veces en sueños,
de los que aún estoy sedienta.

Hay que tener muchos cojones
para querer olvidarse para siempre de esos ojos;
para mí sería como renegar de la poesía,
del té de vainilla, del olor de la lluvia
de los atardeceres y del otoño.

Tengo flashbacks constantemente
de tus ojos penetrantes,
y de esos sueños en los que te bebías
hasta el último suspiro que me dejabas gritar;
de esas noches en vela, hablando hasta las tantas.

Chico,
ojalá estas ojeras hubiesen sido
a causa de tu compañía cercana;
pero no las cambiaba por nada.
Por nada.

La vida da mil y un vueltas,
gira cual veleta,
y se pierde en las tormentas
y en los remolinos de tu barba,
y en ese lunar
que aún sigo queriendo morder,
para qué engañarnos.

Ahora vuelvo a casa,
empapada de lluvia e inseguridades,
y con el traqueteo constante
de la rutina y los raíles.

Sólo quiero que sepas
que ese billete que compré en verano,
y que tantos meses conservé,
sólo era de ida. 

lunes, 12 de enero de 2015

Misiva (I)

11 de enero
no importa el año,
importa el mensaje.

 ¿Por qué el cielo es tan cruel, 
y por qué no ha decidido estallar 
en mil centellas un día como hoy?
Es once, maldita sea.

Es una relación amor-odio,
como la noche y el día,
como mis dientes solían serlo mientras
mordisqueaban esos labios;

y ahora por qué me siento
cubierta de nubes
que descienden,
y sólo buscan ennegrecer
ese precioso azul.

Fui Gilda,
sin vestir de negro,
sin que fuera 1947,
sin tener ese glamour,
sin lanzar un guante al aire,
sin culpar de nada a Mame;
sólo me llevé la bofetada.

Y te aseguro 
que una física habría
sido menos dolorosa.

No quiero acordarme 
de esa efímera serendipia
pero es once de enero,
y el cielo brilla
como aquél dichoso día.

Cuestión de segundos
una sola mirada,
y hasta el más frío invierno
se estremeció.

Lo que daría otra vez
por revivir aquello.
Aunque vuelva a estar 
jodida y radiante,
porque sigo estándolo.





Que Benedetti me perdone.

lunes, 5 de enero de 2015

Cicatrices

He ahuyentado a todas mis musas
a base de frustraciones.

Chica, que la desidia no se apodere de ti
o jamás podrás quitarte esos lastres de encima.

¿Has encontrado mi paraguas amarillo?
Porque yo tengo aún tu trompa azul francesa
sobre mi chimenea,
y emulo su sonido en mi mente.
 
Como emulo tus susurros,
de los que aún me estoy quitando las ganas.
Porque soy de esas tontas 
que tienen heridas abiertas
y lo que más placer les produce
es seguir rascando, desgarrándose la piel;
y así sólo quedan cicatrices
que jamás se borrarán.
 
 Yo tampoco entiendo esta tendencia
al masoquismo emocional.
Será una faceta 
que me gusta extender
en todas sus vertientes.

Corro, corro, corro,
sin querer echar la vista atrás;
mas es inevitable, es como tratar
de huir mi propia sombra.
Voy a tener que visitar
Nunca Jamás
y quedarme en los eternos dieciocho.
 
No hay cosa que más anhele
que volver a tener ocho años
y dormir sin una
puta preocupación
rondándome en la cabeza.