lunes, 5 de enero de 2015

Cicatrices

He ahuyentado a todas mis musas
a base de frustraciones.

Chica, que la desidia no se apodere de ti
o jamás podrás quitarte esos lastres de encima.

¿Has encontrado mi paraguas amarillo?
Porque yo tengo aún tu trompa azul francesa
sobre mi chimenea,
y emulo su sonido en mi mente.
 
Como emulo tus susurros,
de los que aún me estoy quitando las ganas.
Porque soy de esas tontas 
que tienen heridas abiertas
y lo que más placer les produce
es seguir rascando, desgarrándose la piel;
y así sólo quedan cicatrices
que jamás se borrarán.
 
 Yo tampoco entiendo esta tendencia
al masoquismo emocional.
Será una faceta 
que me gusta extender
en todas sus vertientes.

Corro, corro, corro,
sin querer echar la vista atrás;
mas es inevitable, es como tratar
de huir mi propia sombra.
Voy a tener que visitar
Nunca Jamás
y quedarme en los eternos dieciocho.
 
No hay cosa que más anhele
que volver a tener ocho años
y dormir sin una
puta preocupación
rondándome en la cabeza.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho. Muchas veces me he sentido así y he sido masoquista de mi propia herida sangrante.

    un besoo

    ResponderEliminar