jueves, 15 de enero de 2015

Flashback

Tiré el billete de renfe
que compré y conservé,
esa primera vez que recorrimos un poco de Madrid
los dos solos.

Echo la vista atrás,
y veo cómo lo destrozaría otras mil veces,
para borrarme de tu recuerdo;
y cómo daría la vuelta a las agujas del reloj
para recuperarlo de ese despecho.

Nunca ha habido un invierno tan frío
ni unos cielos tan encapotados,
ni una niebla tan espesa;
no veo el cielo, no veo luz
ni salida al final del túnel.

No tengo nada que reprocharte,
o tal vez sí:
quizá esos besos que no nos dimos,
esos arañazos de los que aún estás indemne,
y esos mordiscos que he tenido mil veces en sueños,
de los que aún estoy sedienta.

Hay que tener muchos cojones
para querer olvidarse para siempre de esos ojos;
para mí sería como renegar de la poesía,
del té de vainilla, del olor de la lluvia
de los atardeceres y del otoño.

Tengo flashbacks constantemente
de tus ojos penetrantes,
y de esos sueños en los que te bebías
hasta el último suspiro que me dejabas gritar;
de esas noches en vela, hablando hasta las tantas.

Chico,
ojalá estas ojeras hubiesen sido
a causa de tu compañía cercana;
pero no las cambiaba por nada.
Por nada.

La vida da mil y un vueltas,
gira cual veleta,
y se pierde en las tormentas
y en los remolinos de tu barba,
y en ese lunar
que aún sigo queriendo morder,
para qué engañarnos.

Ahora vuelvo a casa,
empapada de lluvia e inseguridades,
y con el traqueteo constante
de la rutina y los raíles.

Sólo quiero que sepas
que ese billete que compré en verano,
y que tantos meses conservé,
sólo era de ida. 

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