lunes, 12 de enero de 2015

Misiva (I)

11 de enero
no importa el año,
importa el mensaje.

 ¿Por qué el cielo es tan cruel, 
y por qué no ha decidido estallar 
en mil centellas un día como hoy?
Es once, maldita sea.

Es una relación amor-odio,
como la noche y el día,
como mis dientes solían serlo mientras
mordisqueaban esos labios;

y ahora por qué me siento
cubierta de nubes
que descienden,
y sólo buscan ennegrecer
ese precioso azul.

Fui Gilda,
sin vestir de negro,
sin que fuera 1947,
sin tener ese glamour,
sin lanzar un guante al aire,
sin culpar de nada a Mame;
sólo me llevé la bofetada.

Y te aseguro 
que una física habría
sido menos dolorosa.

No quiero acordarme 
de esa efímera serendipia
pero es once de enero,
y el cielo brilla
como aquél dichoso día.

Cuestión de segundos
una sola mirada,
y hasta el más frío invierno
se estremeció.

Lo que daría otra vez
por revivir aquello.
Aunque vuelva a estar 
jodida y radiante,
porque sigo estándolo.





Que Benedetti me perdone.

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