lunes, 2 de marzo de 2015

La douleur exquise

Tal vez sean las noches sin estrellas
como la que hoy nos acontece, donde las musas, 
ya no sólo se pierden, sino que huyen, tiritan y se esconden
en los burdeles más fríos de la gran ciudad. Y las 
teclas de esta idiota ilusa, cansada de vivir enamorada
del ideal del amor, y de gritar en noches como esta: 

«¡Qué triste!, ¡no se avista estrella alguna!,
¡ni una sola estrella en el firmamento! ¡Ni una bengala
en mitad del camino! ¡Hasta la noche me abandona!
¡Ni un sólo resquemor en la garganta! ¡Ni siquiera sangre
en mis labios! ¡Qué tristeza! ¡Qué tristeza es que ni siquiera
esta noche la absenta nos quema en el estómago!».

Esta noche la poesía está de capa caída, y sí, 
esta vez te voy a echar la culpa, y a mí aún más.
Sólo a los tontos les da por caerse muertos en unos brazos
que jamás le van a corresponder, y que son más proclives 
a convertirse en soga o guillotina. Sí, queridos míos, 
esta noche, la poesía está de capa caída. 

«¡Qué triste! Que triste es que ya tus ojos ni brillan,
que sólo son dos estelas traicioneras, que ensartan 
cual espada unas miradas confusas y difusas. Qué triste
es tirar por la borda tanta poesía y tanto sentimiento. 
Porque lo vas a hacer, ¿no? Échale valor, porque esta noche
ni siquiera la absenta nos quema».

Y mira si me quemé. Ya no quiero echar por tierra más
de estos inútiles lamentos, ni escuchar bandas sonoras.
Porque te juro que hay canciones que no puedo escuchar 
sin parecer un torrente. Me has maldecido. Tus ojos están
malditos, y he tirado esa botella de absenta al mar, buscando
que alguien la encuentre. Porque esto es un naufragio, y 

estoy en alta mar. Desamparada en una isla solitaria
donde nadie quiere estar. Desamparada y el mar lamiéndome
con su fría lengua los pies. Desamparada, escuchando el rugir
del viento entre las hojas de los árboles, escuchando cómo 
esa maldición, ¡esa condenada maldición tiene nombre!
La douleur exquise. Eso hace que la poesía esté esta noche
de capa    
                c 
                   a  
                      í 
                        d
                           a.