martes, 12 de mayo de 2015

Ahí me maté yo

Esos ojos ciegos
que fulminados por el sol,
el firme y cortante azul, frío,
que besa como el acero,
en esa tarde de enero
en la que se firmó mi epitafio,
decidiendo, con una simple 
y tonta sonrisa que porta una
niña aún más tonta en su 
joven e inalterable universo
lleno de expectativas, sueños
y suicidios.

«Ahí me maté yo»
dijo señalando con los ojos
esa sonrisa, segura, brillante.
Que ha bebido néctar de cien 
bocas, de cien labios;
que ha declarado de mil cabellos
ondeantes, su bandera;
que ha recorrido a besos
territorios, en principio, inexpugnables.

Y homicidios,
y torturas donde arrancaba
las mil margaritas que ha deshojado
suplicándole al destino un plan B,
con tu nombre bordado en los suspiros
de un febril y opiáceo febrero,
donde ha llovido sin cesar,
donde sigue lloviendo,
donde nunca ha amainado el temporal.

Quién si no, 
que una niña estúpida
que no sabe lo que quiere,
lo que anhela; que no sabe,
ni tiene una causa justa en 
la batalla que se juega. 
Ha perdido; es consciente, 
pero qué podría hacer ella
sin un mero verso que gritar
en la nada; como la gata que 
ronronea desesperada a la luna:
que cuenta con dos opciones.

Por el momento,
dejaré que el viento decida
mi destino. Octubre queda 
muy lejos, y el otoño anda
perdido en el recuerdo de
tus labios en mi pelo. Ojalá
algún día, quién sabe, me 
llames, perdido entre tus 
pensamientos, recordando
lo que no vivimos y que aún
podemos. No me rindo, sigo
en la resistencia de la vida.

«Ahí me maté yo»,
maúlla noche tras noche esa
gata apátrida que no sabe 
lamerse las heridas abiertas,
la brisa patente, el verano
a la vuelta de la esquina,
esperando a que reaparezcas
estallando, como la ferviente 
primavera un 29 de abril. 

1 comentario:

  1. 😍 creo que aquí me has matado a mí; me encanta.
    Gracias (y un abrazo).

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