jueves, 21 de mayo de 2015

Soneto (I)

Ni se te ocurra cerrar los ojos
cuando amanezca la primavera,
pues quedaría algo lastimera
y de su brillo harías despojo.

Con una mirada, bañas la estación
de tu azul etéreo e inefable, 
que si a alguien resulta deplorable,
deja que cuestione juicio y razón.

Los cerezos apremian efímeros,
la brisa de mayo sube mi falda
y tus ojos aguardan melíferos.

No dejes que me quede con la duda,
pues anochecerá la primavera
desnuda entre versos de Neruda.

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