Ya no atardece como antes,
o al menos es mi impresión.
Quizá es que
me gustaba más pensar
en nuestros propios atardeceres,
donde nuestras miradas colisionaban
y hacían ensordecer
hasta al cielo.
Y eso sólo cuando nos mirábamos.
Me gustaba pensar
que formábamos tormentas eléctricas,
con nuestras caricias
y erizarte la piel al instante;
y que me mirases a los ojos
mientras los truenos estallaban.
Y ahora, es de noche.
Hoy parece que las estrellas
brillan para ti.
O eso dice tu sonrisa,
que me tiene tan tonta.
Y ahora, es de noche,
y miro al cielo,
y me asombra la insignificancia
del ser humano
y la grandeza de sus locuras
por querer dejar su huella en el mundo.
Pero más me asombra
la grandeza
con la que me haces sentir,
y en el fondo,
sentirme tan
pequeña.
o al menos es mi impresión.
Quizá es que
me gustaba más pensar
en nuestros propios atardeceres,
donde nuestras miradas colisionaban
y hacían ensordecer
hasta al cielo.
Y eso sólo cuando nos mirábamos.
Me gustaba pensar
que formábamos tormentas eléctricas,
con nuestras caricias
y erizarte la piel al instante;
y que me mirases a los ojos
mientras los truenos estallaban.
Y ahora, es de noche.
Hoy parece que las estrellas
brillan para ti.
O eso dice tu sonrisa,
que me tiene tan tonta.
Y ahora, es de noche,
y miro al cielo,
y me asombra la insignificancia
del ser humano
y la grandeza de sus locuras
por querer dejar su huella en el mundo.
Pero más me asombra
la grandeza
con la que me haces sentir,
y en el fondo,
sentirme tan
pequeña.
No hay comentarios:
Publicar un comentario