11 de enero
no importa el año,
importa el mensaje.
¿Por qué el cielo es tan cruel,
y por qué no ha decidido estallar
en mil centellas un día como hoy?
Es once, maldita sea.
Es una relación amor-odio,
como la noche y el día,
como mis dientes solían serlo mientras
mordisqueaban esos labios;
y ahora por qué me siento
cubierta de nubes
que descienden,
y sólo buscan ennegrecer
ese precioso azul.
Fui Gilda,
sin vestir de negro,
sin que fuera 1947,
sin tener ese glamour,
sin lanzar un guante al aire,
sin culpar de nada a Mame;
sólo me llevé la bofetada.
Y te aseguro
que una física habría
sido menos dolorosa.
No quiero acordarme
de esa efímera serendipia
pero es once de enero,
y el cielo brilla
como aquél dichoso día.
Cuestión de segundos
una sola mirada,
y hasta el más frío invierno
se estremeció.
Lo que daría otra vez
por revivir aquello.
Aunque vuelva a estar
jodida y radiante,
porque sigo estándolo.
Que Benedetti me perdone.
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