Siento como el viento agita cada mechón de mi melena pelirroja. Cada
soplido crea una danza en la que los rayos más avispados del sol se
hacen reflejar. Amanece. Y tú aun sigues revoloteando entre mis sábanas.
Quédate, no te muevas. Deja que disfrute unos segundos más de tu olor...
Quédate o vete, pero hazlo ya, aunque te diga todo lo contrario.
Temerosa te miro desde el marco de la ventana, el simple hecho de verte
me hiere, pero me gusta saber que has sido mío.
La fría brisa matutina me corta el aliento, y son tus manos las que
aparecen entre tinieblas para salvarme un día más. Me arrastras a tu
cuerpo, me haces necesitarte.
El humo de mi té asciende, como lo haces tú cada noche desde lo hondo de mi cama buscando mis besos.
Quédate...
O vete...
O quédate...
Vete si quieres, las puertas están abiertas. Si tan solo estás de paso,
vete, y no vuelvas; pero llévate de recuerdo el amargo sabor de mis
labios. Mis gemidos ahogados. Mis lágrimas esporádicas. Mi risa
contagiosa...
Quédate...
Quédate...
Quédate, si es para siempre no, porque es demasiado largo, pero quédate
un momento, y mírame... busca en el fondo de estos tristes ojos verdes
el por qué has de hacer eso. No te encadenes, porque las cadenas hieren,
pero quédate. Disfruta. Déjame hacer que descubras mil y un lugares
desconocidos. Déjame que te dedique mis textos. Déjame escuchar música
selecta contigo... Quédate, y mírame pasado un tiempo, y pregúntate el
por qué de aquella elección, y quiéreme. Descúbrete a ti mismo
queriéndome sin querer queriendo. Observarme desde mi cama, ve como
sorbo el té cada mañana, y observarte a ti embobado de ver mi silueta
desnuda perdida en el horizonte de tu alma. Y vuelve a preguntarte el
por qué me elegiste a mi, y vuelve a sorprenderte al darte cuenta de que
no hay ninguna respuesta...Levántate y dirígete a mi, cántame, bésame, y
quédate. Quédate recorriendo cada curva de mi cuerpo, mordiéndome las
nalgas, besándome el alma. Quédate entre mis piernas, o al lado...
Vete...
O quédate...
Pero si haces esto último, no tengas miedo, que si alguno de los dos
tiene que volar, volará. Quédate pero sin la garantía de un final feliz,
de un para siempre, de besos dulces a cada momento, de noches de placer
sin límites.
Quédate conmigo, o sin mi... pero aun no te levantes de la cama y deja
que disfrute un poco más de tu olor, de tu compañía, que sé que si
cruzas la puerta no volverás y se que si vuelves será al tiempo, y esta
melena roja que ahora mismo se agita entre la fresca brisa no estará.
Si te vas, que sea por ti y si te quedas también...
Vete, o quédate, y si te quedas, no me ames, pero sí quiéreme.
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