Quizá es que los días
son muy largos,
y, sin embargo, las noches
parecen tan cortas
como si se escapasen de las manos,
como un reloj de arena,
el tiempo,
y una brisa de otoño.
Y más si te dedicas
a irrumpir en mis sueños,
colocándome el pelo tras la oreja,
mientras me aliso los pliegues
de una falda que nunca me había puesto,
y enredas tus dedos entre mis rizos.
Y acercas tus labios
a mi cuello, y escalas
hasta mi oído,
susurrándome que no sabes
pensar en otra cosa
que no sea en ser el artífice
de mis ojeras.
Y aún recuerdo tu olor,
tu cuello, tu espalda,
tu mirada profunda;
Y aún recuerdo tus susurros,
tus labios jugando a ser Seurat,
retocando cada lunar de mi espalda
a mordiscos.
Y echo de menos tus manos
escapándose de las mías,
mi cabeza reposada en tu hombro,
y tus manos escalando por mi falda,
esa que nunca me pongo,
esa que se eleva lentamente,
con la brisa de octubre,
y con tus cálidos inviernos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario