Hay miradas
que desgastan,
que devastan,
que detestan
que desvelan,
que desnudan.
Y sin embargo,
no creo que fuese capaz
de sentir lo mismo
con otros ojos.
Y otras manos,
otros labios,
otros brazos,
otra voz;
no gracias.
No quiero escuchar otros gemidos
que no salgan de tu boca,
a excepción de los míos.
Ni tampoco arañar otra espalda,
y fíjate tú,
no me quedan uñas.
Porque no sería lo mismo
si otros labios pronunciasen
que mi ombligo
es tu rincón favorito de Madrid;
ni que volasen por mi vientre
como mariposas sin rumbo fijo,
que con el suave batir de sus alas
a mí me provocan huracanes.
No sería lo mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario